Ayer, un día raro, un día re loco, un día lindo.
Además de tener el pronóstico a nuestro favor, fue un día lleno de cosas.
Empezó hermoso ya que no teníamos clases. A la siesta fui a tu casa, estuve un ratito esperando y como me dá cosa quedarme con sola con tu mamá (porque NUNCA se me ocurren temas de conversación y me quedo ahí re mal, sin decir mucho) dí una vuelta a la manzana, llegué a tu puerta y no habías leído mis mensajes, entonces decidí dar otra vuelta más, pero esta vez, para el otro lado, al pasar por la ventana de tu baño escuché música y se me paró el corazón sin ningún motivo, pero eso era señal de que te seguías bañando. Elegí dar muchas vueltas pero cerca de tu casa, para matar el tiempo nomas, para no quedarme ahí enfrente de la puerta parada como una tonta. (Bueno, ya soy tonta por no querer entrar)
Me preguntaste qué quería hacer, y yo propuse ir a dar una vuelta por ahí (tenía ganas de caminar eh)
Y ya empezaste a planear la tarde, ir a comprar comida, "dar una vuelta", volver a tu casa, yo estudiar, vos viciar, poner a cargar una película, irme a inglés, rendir y volver a tu casa a ver la peli.
Me encantó, no sé exactamente por qué, pero me encantó.
Fuimos, compramos, caminamos unos pasos por la plaza, y volvimos. Comimos esas papas raras, que al decir verdad no estaban tan malas, tomamos jugo de durazno (mi pasión) y empecé a estudiar. No sé cómo fue, pero inventé una excusa para no ir y no rendir el oral de inglés, todo nervios, todo bien, me reconfortaste a medias de que si me la iba a tomar otro día y me calmé.
Todo lindo, todo re bonito, un día hermoso, los dos en tu casa. Tirados en la cama hablando en silencio.
Viendo cortometrajes animados se me prendió la chispa del ¿qué hora es? y mi ubicación horaria no era la que yo quería. Con desesperación llamé a mi mamá, pero ya era tarde y me había ido a buscar a inglés.
Mi corazón daba mil tumbos y no supe que hacer.
Vos, me dijiste que me tranquilizara, pero yo no podía, me dijiste que no maté a nadie y que no me ponga así.
Pero ahí estaba, un poco de eso estaba buscando, adrenalina, esos sentimientos, sensaciones como esas.
Hoy.
A la noche me despertaba a cada rato, pero eran por los nervios de la evaluación de psicología, y el hecho de que no estaba tan preparada. Me levantaba y tenía que ir a la habitación de mis padres para ver la hora, YA QUE NO TENGO CELULAR.
Pero cubierta de miles de sentimientos, debido a que estoy en mis queridos días, se me mezclaba los nervios, la preocupación y la concentración. Con la entrega de notas y la evaluación que tenía en la siguiente hora, estaba alteradísima.
Entra Zulma, mi preceptora, y sus ojos dirigiéndose a mi, me entregó una cajita blanca. Atónita, la observé (con las miradas de mis amigas y unas compañeras enfocándose en mí) la abrí y vi un papel, y debajo chocolates. Mi corazón latió más rápido de lo que ya estaba latiendo. Leí el mensajito y como una total marica lloré. Porque me emocioné, porque me pareció de lo más tierno, porque fue hermoso.
Y no me queda más que agradecerte, porque posta estoy muy agradecida, y justo anoche escribí sobre vos, lo nuestro, y lo mucho que te aprecio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario